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Sociedad

Las cenizas del Padre Hugo Segovia fueron recibidas en la Parroquia San Andrés

Mediante una misa de exequias presidida por Monseñor Ernesto Giobando, la comunidad parroquial de San Andrés Apóstol recibió las cenizas del Padre Hugo Segovia en la tarde del martes. Lo recibieron el Padre Luis Albóniga, cura párroco, y Alejandro Martínez, quien también tuvo su paso por la iglesia local.

Quien tuvo la oportunidad de recordarlo con sus palabras fue el Arq. Enrique Malbrán, quien aseguró que las recibieron «profundamente conmovidos» en la ciudad y la parroquia que él nunca dejó de considerar «su hogar». «Lo hacemos para que, desde hoy y para siempre, descansen en el cenizario de esta tierra parroquial», añadió.

«El Padre Hugo solía decir que al entrar por estas puertas sentía ‘volvía a casa’. Pero hoy, esa frase cobra su sentido más pleno. Porque no lo estamos despidiendo sino que lo estamos devolviendo al altar donde partió el pan, al confesionario donde perdonó en nombre de Dios, y a la comunidad que transformó con su amor de ‘pastor eterno’, como siempre me gustó referirme a él. Entre estos muros de San Andrés y los rostros de nuestra comunidad, él no solo ejerció su ministerio sacerdotal durante inolvidables años, sino que fue aquí donde pudo hallar el sanador refugio protector de su vida y de la de su amada Paquita, su madre», continuó Malbrán.

Y en su alocución seguida con suma atención, realizó un relevamiento histórico totalmente necesario para saber cómo llegó a nuestra ciudad. «Coco llegó a Miramar el 31 de mayo de 1976 desde Punta Alta junto a su madre Ramona Francisca Gutiérrez. Llegó con la ayuda y por iniciativa de dos integrantes del grupo juvenil católico de la capilla San Pablo: Genaro García los trajo manejando toda la noche en su propio auto, y Julio Cabana aquí lo esperaba para abrirle su departamentito de veraneo familiar de un ambiente, en el Edificio Playa II. Hasta aquí llegaron como exiliados, huyendo de la sangrienta violencia desatada en aquellos años en el país…de las dos bombas explotadas en su propia casa materna y de la amenaza telefónica de muerte recibida el mismo 24 de marzo de 1976, que 1 sentenciaba: ‘si el 31 de mayo no te fuiste de la diócesis, te va a pasar lo mismo que al Padre Mugica'».

«Debieron entonces abandonar su casa, sus libros, sus discos, el cementerio donde descansa su padre, su comunidad y al numeroso grupo juvenil con el que compartía misas en los patios, comedores o garajes de esas incipientes barriadas humildes, mientras comenzaban a construir la pequeña capilla que hoy es la Parroquia San Pablo», introdujo.

Y sobre el cierre, la comunidad de San Andrés hizo una promesa, ya que el deseo del Padre Hugo «no está incompleto». «Nos comprometemos aquí y ahora, como comunidad, a que en poco tiempo más los restos de tus padres, Paquita y Juan, sean traídos también aquí, para que descansen todos juntos en familia, tal como era tu profundo anhelo», adelantó.

Previo a la celebración, Monseñor Giobando visitó la Capilla Jesús Misericordioso del barrio Aeroparque, donde alentó con palabras de esperanza y bendijo con afecto a toda la comunidad reunida.

Segovia (95) falleció el 30 de agosto último en la Clínica Cruz Azul de Necochea, localidad en la que residía desde hacía algunos años en el hogar García Landera. Ejerció como párroco de Miramar entre 1980 y 1992 y dejó una marca imborrable en la comunidad de General Alvarado, al punto tal que el 10 de diciembre de 2024 el Honorable Concejo Deliberante local aprobó por voto unánime imponer el nombre de «Cura Párroco Hugo Segovia» a la calle 22, lindera a la Casa Parroquial.

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DIB