El lanzamiento de la Misión Artemis II semanas atrás, que captó la atención por la vuelta intensiva a la carrera espacial para un Estados Unidos que busca que un humano pise la Luna por primera vez en décadas, centró la atención de los argentinos ya que trasladó al microsatélite Atenea para ponerlo en órbita.
Pero hay un motivo de orgullo especial para nuestro distrito ya que hubo un otamendino entre quienes lo desarrollaron, en un proyecto donde hubo representantes de la Universidad de Buenos Aires, de La Plata, de San Martín, la CONAE, entre otras.
Ignacio Brittez, estudiante avanzado de Ingeniería Electrónica en la UNLP, forma parte del grupo Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT). En diálogo con el periodista Agustín Casa del medio marplatense Bacap, Brittez reconoció: «Como estudiante, haber participado y que desde el ‘vamos’ se me haya dado la oportunidad de formar parte del laboratorio, es una experiencia tremendamente gratificante«.
El egresado del Centro Educativo Dionisia destacó además que «haber trabajado con otras universidades, con la NASA, con otros países en una misión conjunta es una experiencia muy linda, muy gratificante, muy buena».
Ignacio es hijo de Fernando Brittez, antropólogo y director del Museo de la Vida Rural de Otamendi, y hermano de Celina, licenciada en sociología que fue noticia por haber hallado los libros perdidos de la biblioteca de Augusto Roa Bastos en cercanías a Chapadmalal y tuvo diversos reconocimientos por la Fundación que honra al autor paraguayo.
En la nota con los colegas marplatenses, Ignacio describió que en el SENyT trabajaron en los sistemas electrónicos del satélite, tanto el hardware como el software. Desarrollaron la computadora a bordo del satélite, el subsistema de comunicaciones y un receptor GNSS. Puntualmente, su rol fue trabajar en el desarrollo de software junto a Agustín Catellani, donde aplicó conocimientos que ya habían incorporado en el proyecto del cubesat USAT 1 que también impulsó la UNLP para aplicar la tecnología de técnicas GNSS aplicadas a la observación de la Tierra y se espera que se lance a mediados de año en una misión de SpaceX.
«El satélite cuenta con seis antenas y eso permite que prácticamente, sin importar la orientación del satélite, se pueda recibir la información en la Tierra. Fue bastante complicado el tema de las antenas, así que quedamos contentos con que hayamos podido recibir información del satélite en la Tierra», describió.
«Es muy importante para nuestro laboratorio recibir los datos del receptor GNSS para validar justamente cómo funciona en el espacio», aseguró Brittez.